Incognito

 

Bob Sopreski miró al alrededor de la sala con cierta satisfacción. Sólo era PR y Gerente de Eventos en Grandis Corp desde hace unas pocas semanas, y en ese tiempo, ya había organizado la fiesta de presentación de gala del año. Estaban aquí VIPs de todo tipo - inversionistas, empresarios, celebridades. Él asintió, sonriendo, a un grupo de políticos locales. Estaba seguro de que estaban allí solo por la comida y bebidas gratis, pero valía la pena hacer amigos en estas reuniones. Después de todo, Grandis Corp tendía a ser un poco controversial - no todo el mundo estaba de acuerdo con los alimentos modificados genéticamente, y Grandis Corp tenía una reputación de ser agresivos demandando a gente.
Pero esta vez se trataba de una fiesta de lanzamiento de una nueva iniciativa mundial con la que todo el mundo estaba de acuerdo - Grandis había desarrollado una nueva variedad de arroz, que triplicaría la cantidad de alimentos que los agricultores podrían crecer en sus campos. El plan consistía en suministrar semillas a los países del tercer mundo, en lugares donde había escasez de tierra o suelo pobre, ya que el arroz Grandis podría florecer en cualquier lugar.
Pero Bob era bastante seguro que la mayoría de las personas en la fiesta estaban aquí para ver el diamante, no para escuchar los discursos sobre agricultura sustentable. Fue una sorpresa de la vida, mientras ellos estaban excavando en el centro de investigación Grandis en una parte remota de Australia Occidental, descubrieron un diamante. No cualquier diamante. El diamante rosa natural más grande del mundo. Bob sonrió para sí mismo. Un tesoro raro, encontrado mientras estaban desarrollando algo para superar la pobreza. Estaba en exhibición en el gran salón de baile, listo para ser mostrado a los invitados.
Bob vio a Sebastián Smith, el director general de Grandis Corp, caminando por el vestíbulo, y lo saludó con la mano, pero Sebastián estaba absorto interactuando con su Tableta. Él siempre estaba jugando con ella - su tableta estaba siempre en su mano nunca dejaba que otras personas, incluso echaran un vistazo a la pantalla. Bob le preguntó una vez a Sebastián que qué tenía en su tableta.
–Todo. Mi vida– Sebastián respondió.
–¿Qué pasa si alguna vez la pierdes?– Bob de preguntó.
–Imposible. Pero incluso si sucediera, es totalmente encriptada y trabaja sólo con mis datos biométricos, por lo que es inútil para cualquier otra persona– Sebastián contesto con arrogancia.
Sebastián estaba obsesionado con la seguridad, y este evento no era la excepción. Cada huésped había sido filtrado, al igual que los guardias de seguridad. Cada miembro del personal hasta el de limpieza había sido examinado. Sebastián le había dicho a Bob que no corriera ningún riesgo, por si acaso a Incognito se le antojara el diamante.
Bob en realidad había rodado sus ojos. Incognito, la misteriosa figura. La gente decía que podía abrir cualquier candado, sobrepasar cualquier tipo de seguridad, e ir a cualquier parte sin ser vista. Que ella podía volar. La llamaban vigilante, asesina, el ladrón más grande del mundo. Bob se río burlonamente. Más bien una leyenda urbana. Pero él decidió hacer una última revisión, por si acaso.
Se paseó por el vestíbulo, saludando a los invitados a su paso, y luego paso por los pasillos para comprobar que todo estaba listo para la gran revelación. Vio una puerta entreabierta, que lleva al salón de baile. ¡Qué raro! Eso debería haber estado cerrado. Estaba a punto de cerrar la puerta cuando oyó voces.

Probablemente algún periodista entrometido tratando de conseguir algunas fotos clandestinas. Entró en el salón de baile y luego se detuvo en seco al escuchar la voz de Sebastián, usando un tono amenazante que nunca había oído antes.
–No me puedes detener, Incógnito– gruñó Sebastián, agitando lo que parecía ser una pequeña pero desagradable pistola.
–¿De verdad crees que iba a funcionar, poniendo el diamante en el aparador, y después, alegar que había sido robado, para reclamarlo al seguro?– dijo una mujer de baja estatura vestida de negro.
–No pensé que podrías resistir. Y ahora que has aparecido, mi historia se torna mucho más plausible. No habrá testigos, sólo yo–.
–¿Y él?–. Incognito asintió en dirección a Bob. Sebastián pareció sorprendido cuando se dio cuenta que Bob estaba ahí, y luego recuperó la compostura y apuntó su arma a Bob.
–Bueno, eso cambia las cosas. Voy a tener que cambiar mi historia un poco–. A Bob no le gustó la mirada febril de los ojos de Sebastián. –Así  parece que Incognito entró a robar el diamante. Fue demasiado tarde para detenerla de matar a Bob, y me vi obligado a disparar a Incógnito cuando ella me atacó - pero ella ya había hecho algo con el diamante y no se pudo encontrar. Sí ... eso funcionará–.
–Estás loco!– Balbuceó Bob con incredulidad.
–Lo siento, Bob–. Sebastián levantó el arma.
Después de unos años, Bob nunca estuvo muy seguro de si lo que vio con sus propios ojos fue lo que paso a continuación. Él se encogió, esperando a ser disparado, pero Incognito dio un salto mortal al otro lado del cuarto y con una patada de media luna desarmó a Sebastián, y luego lo derribó con un talonazo de giro inverso y una patada con el empeine a la mandíbula. Ella se había movido más rápido de lo humanamente posible. Sebastián cayó al suelo como un bulto desgarbado.
El corazón de Bob latía y jadeaba a pesar de que él no había hecho mucho solamente había dado un paso. En el espacio de treinta segundos él había estaba a punto de morir, y lo habían salvado. Y era imposible.
–Hunnngh– dijo, como si su lengua estuviera atada.
Incognito se paró encima de Sebastián, pateó la pistola fuera de su alcance, y recogió la tableta.
–Argh– dijo Bob. Tragó saliva. –Va - ¿vas a robar el diamante, Incognito?"
Incognito hecho un vistazo a la vitrina de cristal fortificada con gran variedad de láser y sensores que se activaban por el cabello. Ella abrió un panel en la pared cercana, y se concentró por un segundo. Sus dedos se agitaron, a la velocidad de la luz, sobre el panel de control, y la vitrina de cristal se abrió, los sensores se deshabilitaron. Esto era la seguridad con la tecnología más avanzada de la que Sebastián estaba tan orgulloso.
Incognito recogió el diamante, y la sostuvo contra la luz por un segundo. Ella se lo lanzó a Bob, quien lo malabó y apenas atrapó.
–Es una falsificación– dijo.–Además, los datos valen mucho más que lo que brilla. Ella le dio una sonrisa descarada repentina, deslizó la preciosa tableta de Sebastián en una bolsa oculta y la acarició con cariño. Oyeron el sonido de la apertura de puertas. Los huéspedes comenzarían a infiltrarse en el salón en cualquier momento. Incognito toco el panel de control de nuevo, giró sobre sus talones y corrió a la ventana, que se estaba deslizando para abrirse, dejando entrar una ráfaga de aire frío de la noche. Bob completamente boquiabierta. Él ni siquiera sabía que se podían abrir las ventanas. ¿En el piso 33?
Antes de que pudiera parpadear, Incognito se había lanzado al cielo nocturno. Bob se quedó sin aliento, y corrió a la ventana.
El viento frío azotó su cabello y le picaba en los ojos mientras miraba hacia abajo. Podía ver la calle a lo lejos, las limusinas parando fuera del edificio parecían de juguete. Pero de Incognito no había ninguna señal. Tal vez las historias que ella volaba eran ciertas, después de todo

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Felicity Chan escaneo las noticias con cierta satisfacción.
Sólo habían pasado un par de semanas desde que había penetrado al evento de lanzamiento de gala de Grandis Corp como Incognito. Sus poderes ayudaban que ni Sebastián ni Bob la reconocieran, a pesar de que ambos la habían recibido en la alfombra roja como Felicity Chan, estrella de cine. El efecto Incognito sólo duró más o menos unos 10 minutos para la mayoría de las personas, pero eso había sido más que suficiente.
Sebastián había sido detenido por fraude de seguros.
Más importante aún, después de que ella había sobrepasado la seguridad en la tableta de Sebastián y liberado los datos en línea - de forma anónima por supuesto, - las autoridades habían revisado más a detalle el arroz modificado genéticamente por Grandis. Parece que el arroz Grandis, efectivamente, florecía en cualquier condición - tanto así que tenía el potencial de convertirse en una maleza incontrolable que se polinizaba con todos los cultivos locales, y también era resistente a los herbicidas. Habría devastado ecosistemas naturales en todo el mundo.
Felicity sonrió. Una vez que había vencido el shock inicial, Bob se había deslizado en el modo PR y estaba siendo aclamado como un héroe. No hubo mención ninguna de Incognito. Ella lo prefería así. Era más fácil ser una leyenda urbana.